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BETI JAI. #VISITAAHAUS

¿Cómo acaba un frontón de pelota vasca en mitad de Madrid?

#VisitaAHAUS a BETI JAI

Que la corte real de la reina María Cristina veraneara en el País Vasco hizo que aumentara la afición por la pelota vasca. El traslado estacional de la Reina tenía un impacto económico en dicho deporte; el inmediato era el incremento de espectadores y en segundo plano el crecimiento de las apuestas vinculadas. Sin embargo, cuando la corte volvía a Madrid el negocio descendía.

El empresario José Arana vio una oportunidad clara y encargó al arquitecto Joaquín Rucoba la construcción de un frontón en Madrid. Así fue como el 29 de mayo de 1894 se inaugura el Beti Jai madrileño con la asistencia de la Reina y un aforo de 4000 espectadores.

El edificio está formado por un cuerpo principal de planta trapezoidal, un cuerpo en forma de “L” curvada (el graderío), el espacio de juego delante de éste (cancha y frontón, con su pared izquierda reforzada por contrafuertes escalonados exteriores) y finalmente, en el ángulo de la “L” se levanta un cuerpo secundario de forma triangular.

El cuerpo principal, con fachada a la calle Marqués de Riscal, está constituido por tres plantas, dos mas entresuelo. Estaba destinado a vestíbulo principal con taquillas, salones de descanso y dependencias administrativas. La cancha se encuentra a una cota inferior a la de la calle y se desciende por unas escaleras centradas en el vestíbulo principal.

El cuerpo del graderío, de cuatro plantas, está formado por galerías abiertas a la cancha con un antepecho corrido y ligeramente volado, constituido por barandillas de hierro forjado, decoradas por una delicada ornamentación. El frente del graderío queda dividido en vanos por finas columnas de fundición y se desarrolla con una ligera curvatura que “abraza” los 67 metros de longitud que tiene la cancha. Las gradas se encuentran cubiertas mediante una estructura metálica con ligeras bóvedas tabicadas, decoradas por pinturas.

Resalta en la cubierta, de viguetas de madera y tablazón, el vuelo a modo de marquesina que se prolonga hacia la cancha, con cartelas de hierro forjado trabajadas a modo de filigrana unidas a las columnas de fundición, con cobertura original de zinc.

La cancha y contracancha son algo mayores de lo habitual; la cancha mide 67 m de longitud, 20 m de anchura y la pared izquierda alcanza los 11 m. Destaca la fachada interior de ingreso a la cancha, con una interesante fábrica de ladrillo neomudéjar.

El cuerpo secundario posterior, de tres pisos y semisótano, dispone de dos cajas de escaleras y en él se situaban las áreas de servicio (cocina, restaurante, enfermería…). Es interesante el contraste entre las fachadas interiores, abierta y con estructura de finas columnas, y las fachadas neomudéjares, con fábricas de ladrillo masivas y compactas y complejos juegos de pilastras, huecos y recercados.

La fachada principal, al interior, combina el ladrillo rojo aplantillado con revestimientos de revocos en impostas, cornisas y pilastras. Se divide en tres cuerpos: en el primero una puerta central en arco de herradura flanqueada por dos vanos; en el segundo se abre un óculo flanqueado por dos ventanas rematadas con medio punto; en el tercero tenemos tres vanos con arcos lobulados. Se concibe como fachada urbana, creando la ilusión de plaza pública.

Hacia 1900 existían en Madrid 18 frontones con juego diario a la misma hora. La oferta superaba a la demanda y fue necesario introducir otros espectáculos: exhibición de esgrima, concursos de hípica… Durante 1904 y 1905 fue también Centro de Ensayos de Aeronáutica donde Leonardo Torres Quevedo construyó el primer telekino y realizó una demostración moviendo un triciclo a distancia, haciendo historia como pionero en el desarrollo del control remoto.

En los años 20 albergó un taller de montaje de la empresa automovilística Studebaker y posteriormente fue un concesionario de Harley Davidson. Durante este periodo se autorizó la apertura de un hueco de acceso de vehículos.

Al comienzo de la Guerra Civil fue cuartel de la CNT y tras la guerra queda en manos de la Falange dando apoyo a la Sección Femenina que tenía su sede cerca del Beti Jai. En 1948 la Falange se lo cede al Ayuntamiento de Madrid y comienza la degradación del edificio. Se tapiaron los graderíos y se destinaron a almacenes, trasteros…

En 1977 el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) emite un informe poniendo en valor el Beti Jai como último frontón en pie en Madrid pero la inexistencia de legislación sobre patrimonio la reclamación cayó en saco roto. En 1989 el Ayuntamiento vende el recinto a una empresa que pretendía construir viviendas. En esta ocasión la reclamación del COAM se ve reforzada por la Ley de Patrimonio de 1985 y se le asigna la categoría de Monumento de Interés Deportivo de Madrid. En 1994 vuelve a cambiar de manos, la nueva empresa pretende declararlo en ruinas para eliminar la protección y conseguir el derribo. El Ayuntamiento, por el contrario, aumenta la protección sobre el edificio aunque no evitó que entrase en la lista roja de Hispania Nostra en 2006.

La ocupación del edificio en 2007 generó un punto de inflexión que derivó en un potente movimiento ciudadano que reclamaba su rehabilitación, consiguiendo en 2011 que fuera declarado Bien de Interés Cultural, comenzando en 2015 las obras de consolidación previas a la rehabilitación. En 2018 se recupera la cubierta histórica con sus característicos lambrequines y se materializa su salida de la lista roja de Hispania Nostra. Se puede observar que ha sido necesario reforzar la estructura, en este caso la estructura original se encuentra pintada en blanco y los nuevos elementos se colocan en un plano secundario pintados en colores oscuros para no restar protagonismo.

Desafortunadamente, el COVID vino a paralizar las obras y así se encuentran en la actualidad. El Ayuntamiento de Madrid organiza visitas guiadas al edificio, no dejéis pasar la oportunidad de conocerlo si pasáis por Madrid.

Finalizamos con una imagen extraída de la propuesta de Javier Coronado Palomero y Amelia Rodríguez de la Torre Somoza, con la colaboración de René Martínez, para el concurso que el COAM convocó en 2018. Se propone la cubrición del espacio de juego por cerchas atirantadas que permiten albergar competiciones deportivas y espectáculos de distinta naturaleza, con el principal objetivo de recuperar el juego de pelota. El título de la propuesta es “Bizitza Berria: nueva vida para el Beti-jai”.

Fotografías propias, de Igor GM (Flickr) y de archdaily.cl.

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