CAL

La cal es un material natural con múltiples cualidades que la hacen idónea para su uso en edificación.

Si hablamos de cal todos tenemos en mente la imagen de los pueblos blancos que salpican el territorio andaluz. Todos hemos crecido viendo a nuestros abuelos “encalar” las casas anualmente y hemos sido testigos de cómo, paulatinamente, se dejó de utilizar la cal. No podríamos decir exactamente cual fue el momento en el que las pinturas plásticas irrumpieron en nuestras vidas sustituyendo a la cal, o en cuando fue la primera vez que un constructor nos miró raro al prescribir mortero de cal más allá de su uso en el mortero bastardo para el agarre de la teja.

PROPIEDADES

La realidad es que la cal es un material natural con múltiples cualidades que la hacen idónea para su uso en edificación:

  • Absorbe CO2 durante el proceso de endurecimiento ayudando a purificar el ambiente.
  • Con un proceso de fabricación natural se obtienen formas diversas libres de productos químicos, se trata de un producto natural con muy poco procesado. Es un material ecológico y respetuoso con el medio ambiente. El ciclo de la cal está dentro de la economía circular.

  • Tiene propiedades antisépticas: su alta alcalinidad evita la proliferación de microorganismos. Esta propiedad era muy importante en una época con poco acceso a la medicina y donde ésta no se encontraba muy desarrollada. Era su forma de prevenir frente a epidemias.
  • Es transpirable al vapor de agua y a su vez impermeable al agua en estado líquido: en obras de rehabilitación conviene utilizar materiales transpirables que dejen respirar al muro y evite que la humedad se quede atrapada en el mismo, lo que sucede con las pinturas plásticas. Esta ventaja se puede aprovechar igualmente en obra nueva.
  • Reducen el consumo energético gracias a sus propiedades aislantes: su color blanco refleja la radiación solar, evitando que los muros absorban energía térmica y logrando interiores más frescos.

HISTORIA

La fabricación de la cal es un proceso artesanal que generó una industria propia en Andalucía, focalizándose en Morón de la Frontera. La cercanía a las canteras de la Sierra de Esparteros, con una pureza de material del 98% de carbonato cálcico, favorecieron la creación de hornos de cal que todavía a día de hoy siguen activos.

Para la construcción de un horno de cal se elegía un terreno con pendiente considerable, cerca de la cantera de caliza y no muy lejos de donde se iba a extraer la leña.

Se construía la caja exterior mediante paredes de piedra en seco con las juntas de arcilla, era la olla. La olla contaba con unos 4 metros de diámetro y unos 2 metros de profundidad. Dejando 2 aberturas en la parte inferior, una la puerta por donde se metería la leña y la otra para ventilación del horno.

A continuación, se colocaban todas las capas de piedra caliza, manualmente, eligiendo la disposición según el tamaño de las piedras y sin ningún tipo de conglomerante.

Se remataba con un “sombrero” compuesto por una capa de cal y arcilla para impedir que el fuego saliera del horno.

El proceso tradicional podría durar varios días (según la capacidad del horno), hasta que el maestro calero daba el visto bueno. La piedra caliza se había convertido en cal viva.

En la provincia de Huelva tenemos nuestra propia cultura calera en el pueblo serrano de Santa Ana la Real.

HORNOS DE CAL DE SANTA ANA LA REAL

La industria calera de Santa Ana la Real generó una identidad y caracterizó sus relaciones con las poblaciones vecinas. Le sirvió para diversificar su economía en una comarca fuertemente marcada por la agricultura, la ganadería y la minería. Se trataba además de una actividad que se integraba a la perfección en el entorno pues demandaba para su funcionamiento recursos naturales presentes en su espacio circundante: carbonato cálcico como materia prima y leña y matorral como fuentes de energía.

Llegó a contar con una quincena de hornos que producían unos 23.000 kilos de cal en sus momentos álgidos. Pero la llegada del cemento, con una irrupción brusca y generalizada, devino en la desaparición de la industria calera.

En 1999 la Asociación Cultural Valle de Santa Ana impulsó la patrimonialización de los hornos, que fueron incluidos en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía.


El último horno de cal de Santa Ana la Real se apagó en 1966 y no fue hasta febrero de 2022 que tuvo lugar una nueva cocción en el “Horno del Evaristillo” tras su restauración.

Actualmente se puede recorrer el patrimonio calero de Santa Ana la Real a través del Sendero de los Hornos de Cal.

CONCLUSIONES

Como venimos diciendo habitualmente, para continuar avanzando en sostenibilidad hay que mirar hacia atrás. Las técnicas tradicionales esconden un saber popular que puede ayudarnos hoy en día a conseguir el confort sin aumentar la huella de carbono.

Nos hemos acostumbrado tanto a instalar sistemas de climatización que no concebimos construir desde el ahorro pasivo.

La cal está presente en la edificación en forma de morteros y pinturas, incluso como puente de unión entre materiales. Es un material igual o más versátil que el cemento.

El uso de la cal en sus múltiples formas ayuda a mantener los interiores frescos, a evitar la proliferación de microorganismos, a que los muros transpiren y su plasticidad hace que absorba mejor las dilataciones debidas a los cambios térmicos.

La durabilidad de la cal es mayor que la del hormigón, los restos más antiguos de cal datan del 6.000 a.C mientras que cemento se viene usando en los últimos 200 años y no se prevé esa durabilidad.

Su hándicap reside en que la cal es más cara que el cemento. Debemos aprender a mirar al futuro y priorizar el ahorro que genera a largo plazo sobre la inversión inmediata.

Fuentes: IAPH, Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía, periódicos de la provincia de Huelva y Gordillos Cal de Morón.

LA CIUDAD INSTANTÁNEA DE IBIZA
75 AÑOS DEL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE HUELVA

Mario Gómez Mogeda

Arquitecto técnico

Leer, carnaval, los cómics, los juegos de mesa, fútbol, NBA… Su listado de aficiones es más alto que él.

No le gusta la playa porque sólo entiende la arena y el agua acompañada de cemento.

La fama no le sube a la cabeza, porque no llega. Ve el mundo a escala 1:10.

Y, además, es aparejador.

Antonio Rivas Pérez

Arquitecto técnico

Su llegada al estudio siempre marca la hora de tomar un café.

Aporta experiencia y sosiego al equipo. 

El verano es su mejor época. Le gusta mucho cocinar y en las obras es en donde está en su salsa. 

Es aparejador y, además, arquitecto técnico.

Paula González González

Arquitecta

Le encanta dar paseos con su perra, siempre acompañada de sus animadas playlist de pop.

Su amor por las novelas de romance histórico es igualado solo por su conocimiento de los últimos acontecimientos de la sociedad. 

No le gusta nada llegar tarde a los sitios, por lo que si no llega a tiempo, ¡Houston, tenemos un problema!

Antonio Olaya

Antonio Olaya Camacho

Socio arquitecto

Nació en el blanco Moguer. En Sevilla y en Venezia aprendió mucho de lo que sabe.

En la naturaleza se siente bien. Disfruta del aroma de un libro, del sonido de un lápiz tocando el papel…

Es padre por duplicado y le gusta leer cuentos. La prisa no va con él porque él va más lento.

Es una A de AHAUS.

Henar Herrero Soriano

Socia arquitecta

Cómoda encuadrando detrás de una cámara, fotografiando edificios. Sensible con la sostenibilidad.

Siempre deja un dedo de café en la taza y garabatea croquis en servilletas de bar.

Le gustan las series y las escaleras bonitas. Adora hacer listas.

Es la H de AHAUS.

Ana Gómez Mogeda

Socia arquitecta

Siempre a caballo entre el Andévalo y la costa.

Adicta a la ortografía y a las tablas de Excel. No se resiste a una buena normativa.

En su mochila hay más objetos que en el almacén de Amazon, pero siempre se olvida las gafas de sol.

Y, además, es arquitecta.

Es una A de AHAUS.