LAS DOS ESCUELAS

En contrapunto a la Escuela de Oporto encontramos otra manera de entender la arquitectura, la Escuela de Lisboa. De un lado, Siza y su blancura. Del otro, Taveira y su rechazo al movimiento moderno.

Desde AHAUS no escondemos que sentimos debilidad por la arquitectura de Álvaro Siza y por la conocida como Escola do Porto, conformada por arquitectos como Aires Mateus, Fernando Távora o Souto de Moura entre otros.

Los caracteriza su defensa del dibujo como elemento básico del proyecto y la continuidad de lo moderno como un valor cultural a preservar. Se trata de un racionalismo continuador de las propuestas de los italianos Tendenza, de esta forma sus obras evolucionan hacia un purismo formal que reivindica los valores de los maestros del movimiento moderno.

En contrapunto a la Escuela de Oporto encontramos otra manera de entender la arquitectura, la Escuela de Lisboa. Surge de esta manera una escisión entre dos formas de ver la arquitectura, en la Escuela de Lisboa se desarrolla un rechazo a la seriedad y al espíritu del movimiento moderno. Son defensores del placer, la moda y la experimentación innovadora con colores y materiales, estando fuertemente influenciados por las distintas tendencias de la postmodernidad. Su representante más destacado es Tomás Taveira.

En una de nuestras visitas al Algarve conocimos los edificios de apartamentos de la Marina de Albufeira, obra de Tomás Taveira. Gracias a (o por culpa de esos) edificios nos hemos visto obligados a profundizar en “las dos arquitecturas portuguesas”. Edificios llamativos desde la distancia por sus coloridas fachadas de tonos pastel. Aunque no reserva el uso del color para el ámbito doméstico, el estadio de fútbol de Aveiro, el Estadio José Alvalade en Lisboa o el Estadio Maglhães Pessoa en Leiria, comparten el uso indiscriminado del color.

Este uso estridente, exuberante y desenfadado del color se interpreta en un contexto de provocación frente a las posturas arquitectónicas conservadoras, Taveira califica su arquitectura como una “gradual renuncia al “puritanismo”, abrazando el colorido y la diversidad”. Sus edificios resultan en ocasiones desconcertantes y en apariencia no se vinculan con el paisaje circundante. El complejo de oficinas y centro comercial de Amoreiras tiene un lenguaje que mezcla la tendencia pop del postmodernismo, la manipulación de los estilos históricos y la utilización del color como forma de impacto. El conjunto crea su propia identidad, al margen del entorno de edificios blancos.

El empleo de colores tan contrastantes, sumado a la capacidad espacial de los tonos para modificar la percepción del observador, provocan que los volúmenes construidos sean percibidos como una serie de planos independientes los unos sobre los otros, dificultando incluso la valoración de la orientación del sol y la dirección de las sombras arrojadas. De esta forma el conjunto edificado construye un paisaje propio que llama la atención sobre sí mismo y se desvincula del contexto.

Tras sus proyectos se puede ver la influencia de otros arquitectos: M. Graves, J. Stirling o Ricardo Bofill como base de un lienzo que Taveira ha terminado de pintar con un estilo propio. Ni Graves, Stirling o Bofill abusaron de la paleta cromática, más bien utilizaban el color como forma de enfatizar ciertas cualidades de su arquitectura o complemento de la misma.


En la obra de Taveira el color devora su arquitectura y nos impide emitir una opinión sobre si es una buena o mala arquitectura, podemos decir que “el color no nos deja ver el dibujo”.

IMAGEN 01_SIZA. Capela do Monte. Portugal.

IMAGEN 02_AIRES MATEUS. Centro de reuniones en Grândola. Portugal.

IMAGEN 03_TOMAS TAVEIRA. Estación de metro Olaias. Lisboa. Portugal.

IMAGEN 04_TOMAS TAVEIRA. Estadio de Aveiro. Portugal.

IMAGEN 05_TOMAS TAVEIRA. Edificio Amoreiras. Lisboa. Portugal.

IMAGEN 06_TOMAS TAVEIRA. Marina de Albufeira. Portugal.

IMAGEN 07_MICHAEL GRAVES. Colegio St Coletta of Greater. Washington. Estados Unidos.

IMAGEN 08_RICARDO BOFILL. La muralla roja. España.

CASA OLVE
UNA JOYA ESCONDIDA A PUNTO DE VOLVER A BRILLAR

Mario Gómez Mogeda

Arquitecto técnico

Leer, carnaval, los cómics, los juegos de mesa, fútbol, NBA… Su listado de aficiones es más alto que él.

No le gusta la playa porque sólo entiende la arena y el agua acompañada de cemento.

La fama no le sube a la cabeza, porque no llega. Ve el mundo a escala 1:10.

Y, además, es aparejador.

Antonio Rivas Pérez

Arquitecto técnico

Su llegada al estudio siempre marca la hora de tomar un café.

Aporta experiencia y sosiego al equipo. 

El verano es su mejor época. Le gusta mucho cocinar y en las obras es en donde está en su salsa. 

Es aparejador y, además, arquitecto técnico.

Paula González González

Arquitecta

Le encanta dar paseos con su perra, siempre acompañada de sus animadas playlist de pop.

Su amor por las novelas de romance histórico es igualado solo por su conocimiento de los últimos acontecimientos de la sociedad. 

No le gusta nada llegar tarde a los sitios, por lo que si no llega a tiempo, ¡Houston, tenemos un problema!

Antonio Olaya

Antonio Olaya Camacho

Socio arquitecto

Nació en el blanco Moguer. En Sevilla y en Venezia aprendió mucho de lo que sabe.

En la naturaleza se siente bien. Disfruta del aroma de un libro, del sonido de un lápiz tocando el papel…

Es padre por duplicado y le gusta leer cuentos. La prisa no va con él porque él va más lento.

Es una A de AHAUS.

Henar Herrero Soriano

Socia arquitecta

Cómoda encuadrando detrás de una cámara, fotografiando edificios. Sensible con la sostenibilidad.

Siempre deja un dedo de café en la taza y garabatea croquis en servilletas de bar.

Le gustan las series y las escaleras bonitas. Adora hacer listas.

Es la H de AHAUS.

Ana Gómez Mogeda

Socia arquitecta

Siempre a caballo entre el Andévalo y la costa.

Adicta a la ortografía y a las tablas de Excel. No se resiste a una buena normativa.

En su mochila hay más objetos que en el almacén de Amazon, pero siempre se olvida las gafas de sol.

Y, además, es arquitecta.

Es una A de AHAUS.