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LA CASA DE BLAS INFANTE EN ISLA CRISTINA

NUESTRA PROPUESTA

Nuestra propuesta plantea una vuelta a los orígenes, a descubrir la esencia constructiva de la casa que habitó Blas Infante durante su estancia en Isla Cristina entre los años 1923 a 1931, donde tuvo sede su notaría y que él consideraba “su patria” por haber nacido allí sus dos hijas.

La casa, de estilo neomudéjar, tiene dos plantas de altura y sigue la tipología de las viviendas notables de la época: ventanas salientes, cancela del tipo sevillano, azulejería, etc. Su elemento más característico es la fachada de ladrillo visto, donde destacan los dos balcones de la planta superior con ajimez (ventana arqueada, dividida en el centro por una columna), únicos entre las viviendas de Isla Cristina. Influenciado por sus viajes a Marruecos, el interior estaba decorado al estilo morisco.

PUESTA EN VALOR DEL BIEN CATALOGADO

El estado actual de la vivienda presenta alteraciones que se han ido realizando con el paso de los años. La vivienda original partía de tres crujías, teniendo la tercera un saliente en la medianera, donde se encontraba originalmente la escalera. Es nuestra intención devolver la vivienda a su estado original, eliminando la escalera actual que le imprime a la casa un carácter de uso como si fueran dos apartamentos independientes, en vez de como un único espacio.

Se propone la eliminación de las particiones interiores, que desvirtúan la continuidad de los espacios, y las construcciones posteriores que dan a la calle Catalanes y que carecen de valor.

Una vez depurado el volumen original, se centran los esfuerzos en la puesta en valor de la fachada, la restauración de los forjados y la recuperación del patio original de la vivienda.

La fachada, elemento característico de la vivienda y que ha permanecido prácticamente invariable a lo largo de los años, se limpia y se retiran los elementos que generan caos (como el cableado aéreo, la antena, etc.). Se propone mantener los elementos singulares que le aportan carácter, como son los postes para el cableado, la placa que distingue la casa como “asegurada de incendio” y el azulejo conmemorativo.

Además de restaurar la cerrajería existente, se renuevan las carpinterías exteriores para mejorar su eficiencia energética y se recupera la ventana con arco superior de los ajimez.  

Debido a su mal estado de conservación, se hace necesario la demolición de los forjados y se propone la reconstrucción con la misma tipología, con vigas de madera, alfarjías y entrevigado cerámico.

El patio es el epicentro de la vida de la casa andaluza: sus paredes blancas, sus azulejos sevillanos, el agua del pozo. Una vez retirada la higuera que lo tiene colonizado, el patio vuelve a relucir con sus paredes llenas de macetas. Se mantienen los huecos de ventanas que nos permiten ver el patio. Es un lugar que nos invita a estar en su interior.

Para apoyar esta edificación original, se amplía la vivienda aprovechando la disponibilidad del solar colindante ubicado en el nº 8 de la calle Catalanes. Se construye una pieza de dos alturas, con fachada hacia la calle Sevilla, que contiene los espacios servidores (ascensor accesible, núcleo de aseos, instalaciones, archivo/almacén) y que sirve de charnela entre la vivienda original y la ampliación.

Si volumen original se dedica fundamentalmente a espacios expositivos abiertos al público, con una oficina en la primera crujía y zona de atención al público a continuación del zagúan, que organice la llegada de visitantes; en la ampliación se construye una sala de uso mixto, equipada para impartir cursos, conferencias, charlas o servir como espacio expositivo adicional y volcada al nuevo patio trasero.

Esta sala polivalente se plantea con una estructura metálica continua y una partición móvil acristalada que permite que, una vez abierta, la partición quede oculta en el armario adosado a fachada, y la sala y el patio se fundan como un único espacio continuo. 

La propia estructura metálica se convierte en una pérgola vegetal que favorece el uso del patio en los meses de verano y la creación de una zona intermedia entre el uso interior y exterior.

COHERENCIA DE LA INTERVENCIÓN

Teniendo la fachada de ladrillo como punto de partida y el volumen original de la vivienda como eje vertebrador de la propuesta, obtenemos un espacio expositivo muy versátil,  con una sucesión de  salas contiguas que permiten un recorrido libre por la planta y facilita el futuro proyecto museístico.

Aprovechando la disponibilidad del solar anexo, se construye una pieza de dos plantas de altura, que alberga los espacios servidores, permite la accesibilidad de la planta alta y es donde se ubican los aseos e instalaciones, para que estos usos no distorsionen el volumen original.

Se amplía el espacio expositivo con una sala multiusos en planta baja que se puede abrir completamente al patio trasero. Esta ampliación da fachada a las calles Sevilla y Catalanes y se remata con una cubierta vegetal, que sirve como zona de esparcimiento de planta alta o espacio expositivo exterior.

En el diseño de las fachadas se han tomado elementos de celosías tradicionales llevados a un diseño contemporáneo. En la fachada a la calle Sevilla se replica el ajimez original, con el diseño de un hueco alargado, que se parte en dos por un pilar metálico. De un lado, en el patio, el hueco exterior remarcado por la pérgola vegetal y del otro, la ventana interior sobre el armario donde se recogen las instalaciones y la partición plegable. De esta manera, la realidad del nuevo espacio construido se divide en dos por ese gran ventanal móvil, igual que el hueco del ajimez queda partido por la columna de fundición.

INTEGRACIÓN CON EL ENTORNO

La casa de Blas Infante se encuentra en el nº 7 de la calle Diego Pérez Pascual, antigua calle Real, y forma parte de la “Ruta de Blas Infante” que es un recorrido por la Isla Cristina peatonal, donde se desarrolló la vida laboral, social y cultural de Blas Infante.

Ya se está llevando a cabo una puesta en valor de toda la ruta, desde el muelle, la plaza de Las Flores, y el Paseo del Chocolate. Nuestra propuesta, además, abre el nuevo patio a las calles Sevilla y Catalanes, creando un triángulo cultural con vértice en la plaza de Las Flores, pasando por la biblioteca e integrando este nuevo contenedor cultural en esas dos calles, ya peatonales del centro histórico, pero con un carácter más secundario y que se verían revitalizadas.

La gran puerta trasera permite la realización de actividades al aire libre, con acceso desde la calle Catalanes y de forma independiente al del resto de la casa si fuera necesario.

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